Compañía
Samuel
Beckett
Una voz llega a alguien en la
oscuridad. Imaginar
A alguien boca arriba en la
oscuridad. Lo nota por la presión en la espalda y los cambios de la oscuridad,
cuando cierra los ojos y de nuevo cuando los abre. Sólo se puede verificar una
ínfima parte de lo dicho. Como, por ejemplo, cuando oye: «Estás boca arriba en
la oscuridad». Entonces ha de admitir la verdad de lo dicho. Pero la mayor
parte, con mucho, de lo dicho no se puede verificar. Como, por ejemplo, cuando
oye: «Viste la luz por primera vez tal y cual día y ahora estás boca arriba en
la oscuridad.» Estratagema, tal vez, destinada a hacer recaer sobre lo primero
la irrefutabilidad de lo segundo. Tal es, pues, la proposición. A alguien boca
arriba en la oscuridad una voz habla de un pasado. Con alusiones ocasionales a
un presente y, con menor frecuencia, a un futuro, como por ejemplo: «Acabarás
tal como estás ahora.» Y en otra oscuridad o en la misma otro imaginándolo todo
para hacerse comprender. Déjalo rápido.
El uso de la segunda persona
caracteriza a la voz. El de la tercera al otro. Si también él pudiera hablar a
aquel a quien habla la voz, habría un tercero. Pero no puede. No podrá. No
puedes. No podrás.